La Trastienda de Dublín ha sido, durante más de cien años, el alma silenciosa del comercio: almacén, taller y refugio de los sombreros que luego tomaban vida en el escaparate.
Conservar su historia y adaptarla al presente era el verdadero reto de este proyecto. El objetivo fue conectar la tienda con su trastienda original, aprovechando la capacidad de exposición que ofrecían sus maravillosos armarios y muebles de taller.
Restauré cuidadosamente el mobiliario existente, respetando su esencia, y lo revaloricé dándole una nueva función comercial. A su alrededor, diseñé e incorporé mobiliario a medida, funcional y ligero, que permite al espacio fluir sin perder su carácter.
El resultado: una tienda con alma, donde pasado y presente conviven con elegancia.
